Existe un deseo inherente del ser humano a soñar, a darse el magnífico lujo y gusto de imaginar todo lo que desea vivir en algún momento, o en su defecto, soñar pesadillas de lo que más teme o aborrece. Sin embargo, hay quienes sueñan las fantasías más inimaginables, hasta el punto de no poder diferenciarlas de la realidad, o quizás, estar y vivir esas fantasías en el mundo real.
La tercera entrega de la Trilogía de la Depresión, del director Lars von Trier, "Nymphomaniac", presenta la fantasía que rige la vida de la protagonista, Joe, quien se auto-diagnostica como una ninfómana y, desde muy joven, lleva una erótica vida permitiéndose disfrutar sus más salvajes sueños y fantasías sexuales, sin que le importen en absoluto los problemas que esto le pueda causar o el prejuicio del imaginario social del contexto en el que se encuentra.
Por su parte, la película japonesa "Totoro", también perteneciente a una serie de largometrajes, en este caso, animes, dirigidas por Hayao Mizaki, nos muestra una fantasía un poco más cercana a cualquier caso individual o personal, y es el de imaginar y soñar con personajes fantásticos que nos acompañan, hecho que muchos vivimos en nuestra infancia:, y es la creación del famoso amigo imaginario.
Sin embargo, en "Totoro" esta fantasía primero no es individual, sino por decirlo de alguna manera, colectiva, pues son dos hermanas quienes lo conocen, y esta es otra diferencia: Totoro es absolutamente real, es la materialización de la fantasía de las dos niñas que encuentran en un ser natural y bello, una compañía durante una difícil situación debido a la salud de la madre. Este es un hecho que demuestra la existencia real de Totoro, como ellas lo llaman, el rey del bosque. Además, esta criatura no está sola, acompañada del Gatobús, ayuda a las niñas a visitar clandestinamente a su madre, y entregarle un detalle que la menor de ellas le quería entregar. Es esta la prueba de la existencia real de Totoro y las demás criaturas del bosque, no son producto de la imaginación de las niñas.
Es así como las fantasías del ser humano pueden convertirse en mucho más que sueños e ilusiones, pueden ser materializadas y construidas realmente, sin importar el tipo de fantasía pues hemos visto y contrastado diferentes, casi polarmente opuestas, manifestaciones de las fantasías del hombre, fantasías que representan una identidad individual y social, entendiendo que todo ser humano se desarrolla en un medio cultural.

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